Cómo hacer cosas nuevas en la empresa

Desengáñese. La inmensa mayoría de las personas ven con desconfianza el cambio. Una actitud que dificulta la adaptación de la empresa al cambiante mercado. Si las personas no cambian, menos lo harán sus empresas.

 

Desde todas partes se dice que para que una empresa pueda competir con éxito necesita innovar. ¿Otra vez eso de la innovación? Pues sí. No sé si será un rollo lo de innovar pero sí sé que no es algo sin importancia. Las empresas saben que o se ponen en serio a sacar algo nuevo o los competidores que sí lo hacen se llevan a sus clientes.

 

TÉCNICAS

¿Y cómo consigo que mi empresa haga cosas nuevas? He visto por ahí varias formas de dudosos resultados:

El método Mandamás: “Gran Jefe decir inventar algo nuevo, empleados hacerlo”. Hmm. Puede dar algún resultado desesperado a corto plazo pero poco más. Carece de sostenibilidad.

El método MataHari: pagamos a alguien para que espíe a las otras empresas y luego nos ocupamos de copiar y mejorar sus inventos. Arriesgado. Al menor desliz se te echa encima una legión de abogados  cargados de querellas. Recordemos que nuestra espía fue fusilada por tal.

El método TeToca: que inventen los contratados para hacerlo. O, más finamente dicho, que de las cosas nuevas se ocupen aquellos en cuyo contrato ponga “Departamento de I+D” o algo similar. Los demás, zapatero a tus zapatos.

El método HoyHayBrainstorming: se cita a los mandos intermedios para una sesión urgente de tormenta de ideas –el carísimo consultor lo dice en inglés- y se habilita un presupuesto especial para comprar post-it y papeles de colores para ponerlos en las paredes. Bueno, es una forma mejor que las anteriores pero demasiado esporádica.

El método Trilero: cuando en la Misión, Visión o en el anuario de la empresa se proclama “el compromiso con la innovación y el desarrollo de las personas”… y cuando uno busca casos concretos no los puede encontrar.

Si no está seguro del caso de su empresa, puede averiguarlo en este test online de perfil innovador empresarial. ¡Suerte!

 

La realidad vista desde la experiencia es que da igual los métodos que se usen. Si las personas no están dispuestas a hacer cosas nuevas en su vida menos lo estarán para hacerlo en su trabajo. Recuerdo que un conocido banco organizaba cursos de Liderazgo para el Cambio para sus mandos, al tiempo que aprovechaba para hacer a todos una revisión médica y controlar el colesterol, azúcar, peso y demás cosas. Todos recibían un informe con los resultados del laboratorio y las correspondientes recomendaciones. Y al año siguiente volvían a esos cursos a explicar qué tal les había ido en sus nuevos roles de líderes del cambio. Todos fenomenal. Fantástico. Decían incluso sentirse mejores profesionales… hasta que se les volvía a hacer la revisión médica. La mayoría seguían con los mismos resultados por no haber cambiado de hábitos. Así que se les preguntaba que cómo pensaban liderar el cambio de nada si eran incapaces de empezar consigo mismo.

 

Las personas son la base de la empresa. Su estado de ánimo se nota en las ventas. Su motivación hace que la finalidad primera se cumpla o no: que sea rentable. Si limitamos la gestión de los recursos humanos al de las nóminas, las vacantes en los departamentos y el control de las vacaciones mal vamos.

¿Quiere que su empresa pueda evolucionar? Pues facilite –y promueva- que lo hagan las personas. Ayúdeles a que sean capaces de potenciar esa creatividad que todos tenemos; a que la enfoquen a la solución de los problemas de la empresa. Cree un ambiente de confianza que invite a pensar de otra forma, mucho más imaginativa y libre, para dar con ideas que lleven a nuevos productos, a nuevos servicios, a nuevos mercados y clientes.

Asegúrese de que las nuevas incorporaciones de profesionales ya vengan con esa libertad de pensamiento y ganas de aportar más allá de sus responsabilidades contractuales. Y vigile que la vieja guardia no ahogue esa nueva forma de participar en la empresa. Sus clientes evolucionan como lo hace el mercado, la tecnología y la sociedad: su empresa debe ser capaz de cambiar y para ello depende enteramente del factor humano. Si las personas no cambian nunca de hábitos ni gustos en su vida personal y profesional olvídese de que lo vaya a hacer la empresa en la que trabajan.

 

Por cierto, ¿ha hecho usted algún cambio en sus hábitos o aficiones recientemente? Ah. Ya veo …

 

Imagen: Aitoff en Pixabay

 

 

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