Los primeros principios de los problemas… y las oportunidades

 

Cuando Aurelio Fernández construyó su nave industrial hace más de 30 años, ofrecía espacio de almacenaje a los camiones y vehículos de transporte que pasaban por la carretera. Con frecuencia estaba tan lleno que no podía aceptar más clientes.

Pero hace un año, justo antes del fallecimiento de Aurelio, terminaron de construir la autopista y, como siempre ocurre, el tráfico en esa carretera bajó a una quinta parte. Y además a unos 80 kilómetros han montado un pequeño polígono industrial que también ofrece ese servicio de almacenamiento.

En este momento sus hijos están reunidos, lamentándose de la caída de la facturación.
—¿Qué vamos a hacer con la nave industrial? -se preguntan los dos-. Tiene unos gastos de mantenimiento que ya no compensan los ingresos.

 

Así que fueron a hablar con Juana, una profesora de filosofía jubilada y conocida por su perspicacia y sentido común.
—Hola, chicos. ¡Qué agradable visita! ¿Os apetece un café?

—Gracias, Juana. Pues sí, gracias. Es que te queremos comentar un problema que tenemos con la nave. Por culpa de la nueva autopista y el polígono ya no vendemos lo de antes.

—Entiendo. ¿Y qué es lo que tenéis?

—Pues… tú lo sabes bien. Una nave industrial que sirve de almacén para las cosas de los clientes, que nuestro padre construyó hace años y que hemos heredado ahora.

—Claro. ¿Y qué hay en ese conjunto de cosas que llamáis nave industrial para almacenaje?

—Ya estamos con tus filosofías, Juana. No entendemos lo que quieres decir. Naturalmente, lo que hay es cajas guardadas y cada vez menos.

—Ay, esta gente joven. Permitidme recordaros a Aristóteles, el filósofo y científico griego de hace 2.300 años. Seguro que os ayudará su concepto de los “Primeros Principios”. Para no aburriros os lo resumiré en dos ideas clave:

  1. nos dejamos llevar demasiado por el marco en el que pensamos dando por supuesto que, como es lo “normal”, también es lo correcto para alcanzar nuestros fines; y
  2. si queremos resolver un problema o situación, hay que reducirlo a sus partes más básicas y primarias.

 

—¿Y qué tiene que ver eso con nuestra nave industrial?

—¡Cuánta impaciencia! Vamos a cambiar de perspectiva. Antes os pregunté que qué tenéis, ¿verdad? Pues os voy a decir lo que Aristóteles vería:

  • una parcela de 3.700m2
  • una enorme caja de 2.000m2 con techo y una altura de casi 12 metros
  • dentro de la caja con techo, hay
      • un suelo firme
      • estanterías
      • una entreplanta
      • un cuartito que usáis de oficina
      • un cuarto con herramientas
      • agua y luz
      • aseos
  •  una puerta enorme para abrir y cerrar ese espacio que he llamado “caja”, además de otras dos puertas más pequeñas delante y detrás.
  • acceso a una carretera ahora con menos coches y camiones circulando
  • un entorno natural bastante bonito y ahora más tranquilo porque el tráfico se ha ido a la nueva autopista
  • una lista de clientes

 

—Mmm… Pues no lo habíamos visto así.

—Ya me doy cuenta. Decidme, ¿cuál es vuestro negocio?

—Pues… alquilar espacio de almacenaje.

—No. ¿No me habéis escuchado antes? Vuestro negocio es la explotación de esa serie de recursos que integran lo que tan limitantemente llamáis “nave industrial para almacenaje”. Esa idea que tenéis (la de la nave) no es más que una forma de aprovechar las cosas que tenéis. Una de muchas posibles. Lo que pasa es que hay que esforzarse para pensar desde otras perspectivas.

—¿Y qué otras cosas podríamos hacer en la nave industrial?

—Y dale. Qué pesados. Dejad ya de hablar de “nave industrial”, con el contexto y limitaciones que supone esa etiqueta, y empezad a verlo como si fuera algo independiente de toda calificación o percepción. Sin marco limitativo. Sin presuponer lo que es. Sin preasignarle funciones o usos. Contempladlo con una mirada fresca y una mente abierta. Identificando sus elementos uno por uno y entendiéndolos individualmente. Observando qué hay a su alrededor. Considerando cuáles de esos recursos os pueden valer para un nuevo negocio, cuáles no y cuáles son indiferentes.

Otra consideración: ¿qué actividades no se ofrecen por esta zona -o no están lo suficientemente cubiertas- y que tienen por tanto una clientela digamos que huérfana? ¿Qué otras habilidades tenéis aparte de ordenar cajas? Pues para saber a qué podéis dedicar los recursos que tenéis, lo que hay que hacer es conectar esos tres factores: lo que tenemos, lo que sabemos hacer, y lo que la gente quiere o necesita.

 

—Aaaah… Ya entendemos. Es decir, que podríamos usar ese espacio interior para casi cualquier actividad que necesite hacerse a cubierto, o tener una protección. La parcela, con sus árboles, podría valer para cualquier cosa relacionada con la naturaleza o el aire libre, el techo para generar y vender electricidad instalándole placas solares y… Ya veo por dónde vas.

—Exactamente, chicos. Veo que estáis aprovechando la sabiduría del pensamiento de Aristóteles y sus Primeros Principios para resolver problemas y encontrar oportunidades.

—¡Juana! Ahora que me acuerdo unos amigos tienen una finca enorme que usaban para cultivar pero ahora, con la sequía y las restricciones hídricas con la nueva ley, parece que ya no tendrán agua para seguir con esa actividad. ¿Qué pueden hacer según tú?

—No lo sé. Pero podéis tomaros un café con ellos y contarles las ideas de Aristóteles, como yo he hecho con vosotros. Y si les ayudáis, seguro que entre todos seréis capaces de ver nuevas posibilidades para sus… recursos.

 

 

AUTOR

Alberto Losada Gamst. Consultor de empresas especializado en la inteligencia colaborativa y la gestión de las ideas. Escritor de artículos y ponente sobre creatividad e innovación, comunicación en las empresas y repensamiento de nuestras actividades.

Como formador especializado en habilidades de comunicación e innovación en las organizaciones, he impartido talleres en más de 30 empresas (muchas de las cuales han repetido con nuevos grupos) y más de 1.300 participantes a finales de 2022, tanto presencialmente como online. Y en todas las ocasiones he aprendido mucho de todos. ¡Gracias por ello!

IMÁGENES: Grupo Técnicas de Valencia y Wikipedia

 

 

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