Repensando las oficinas abiertas: combinar bienestar con rentabilidad

Teniendo las empresas como objetivo el ser rentables, las instalaciones que ofrecen a sus trabajadores deben facilitar su cumplimiento. Un diseño inteligente centrado en la actividad y teniendo en cuenta factores emocionales de las personas contribuirá sin duda a la cuenta de resultados.

Ahora que nos estamos acostumbrando al modelo de oficina abierta toca hacernos una pregunta: ¿es el más idóneo para este fin? Es el momento de repensar las oficinas abiertas.

 

LA SITUACIÓN

Cuando se empezaron a imponer los diseños de planta abierta a la hora de abrir nuevas oficinas, se hacía diciendo que era una forma de maximizar las interacciones de sus usuarios, de favorecer el intercambio de ideas y de contribuir a un ambiente de camaradería y trabajo en equipo. La innovación sería una de sus más evidentes consecuencias.

Hay otras ventajas de tipo económico en este formato de oficina: se aprovecha mejor cada m2 de suelo, es un 20% más eficiente en costes que un modelo basado en cubículos, se reduce la huella de carbono, permite ahorrar hasta un 50% en costes por empleado respecto de las oficinas tradicionales, y el 65% de los usuarios cree que promueve la colaboración.

Su uso sigue creciendo. En EEUU un 80% de las oficinas son abiertas, y un 45% de los trabajadores en el Reino Unido lo hace en oficinas tipo pradera, según revela un estudio de SAGE de 2018 . Otro dato interesante es que el 23% de los empleados en el mundo trabaja en una oficina abierta.

 

LOS PROBLEMAS DE LAS OFICINAS ABIERTAS

Al renovar sus instalaciones, la empresa danesa Space 10 decidió deshacerse de su diseño de oficina abierta. Siendo su misión “crear formas de vivir mejores y más sostenibles”, el resultado de esta renovación fue “un híbrido de espacios de trabajo flexibles y bajo demanda que optimizan diferentes entornos para actividades variadas y dan prioridad a la salud mental entre nuestro equipo”.

¿Por qué este cambio? Atendiendo un estudio de 2018 , la implantación del concepto de oficina abierta supuso un 70% menos de conversaciones en persona y un aumento del 50% en el número de correos electrónicos enviados.

También de Dinamarca es un estudio realizado a 2.400 empleados que demostró que quienes trabajan en oficinas abiertas tienen un 62% más de días de baja por enfermedad que quienes lo hacen en despachos o cubículos.

Para terminar con las desventajas de las oficinas abiertas respecto de otros formatos, el antes citado estudio de SAGE determinó que la productividad baja un 15%, que al 54% de los empleados de mayor rendimiento les parece demasiado proclives a las distracciones, y que cada 3 minutos hay una interrupción. Si tras cada interrupción harán falta entre 8 y 20 minutos para recuperar la concentración, pensemos en el tiempo que se pierde cada día y la frustración que conlleva…

 

PRIVACIDAD Y CONFIDENCIALIDAD EN ESPACIOS COMPARTIDOS

El ser humano necesita un mínimo de privacidad. Unos más y otros menos, pero todos necesitamos algo.

Quien vaya de su sitio a otro lugar en una oficina abierta podrá ver lo que sus compañeros tienen abierto en la pantalla de su ordenador, las notas y papeles que hay en su mesa, … todo. Miramos lo que hacen los demás y sabemos que los demás ven lo que hacemos nosotros. Todo lo que hacemos y decimos los estamos compartiendo con los colegas; es como si estuviéramos retransmitiendo nuestra actividad en una red social. Lo que nos lleva a un esfuerzo extra: la imagen que damos. Así, además de estar ocupados debemos parecerlo. Y que la imagen que demos sea profesionalmente buena.

Podemos hablar de un esfuerzo más: el de concentrarse para “aislarse” de las distracciones externas, tanto visuales como acústicas. Evidentemente que es una habilidad a desarrollar, y no nos consta que se den cursillos de formación en las empresas para saber manejarse mejor en este entorno hipercompartido.

A quien trabaje en una oficina abierta no necesitamos decirle todos los ruidos que constantemente tiene que combatir, esos ruidos que asaltan tanto su percepción de privacidad como la concentración en el trabajo. Estamos pensando en el murmullo de fondo general que hay en muchas organizaciones, en las conversaciones telefónicas de los colegas, el timbre de los teléfonos fijos y móviles, las notificaciones de mensajes, el ruido del movimiento de cosas, … Algo que no ayuda precisamente al bienestar psicofísico del trabajador.

Dicho esto, es importante tener en cuenta la edad de quienes están en las oficinas abiertas: para los más jóvenes, los “millennials”, esa falta de privacidad añadida al ruido constante de fondo es una molestia menor. Les vale la pena a cambio de la sensación de camaradería y actividad en la que están inmersos, al considerar a sus colegas más bien como amigos. En otras edades, esa percepción es otra dada la diferente forma de pensar y la más dilatada experiencia laboral de quienes por ejemplo ya han superado los 40 años.

 

ALGUNAS SOLUCIONES PARA MEJORAR EL BIENESTAR EN LAS OFICINAS ABIERTAS

A nadie le gusta estar donde se siente a disgusto, de ahí el creciente valor que se da al concepto de bienestar en el trabajo. Una cifra: un 48% de los empleados da una importancia significativa al diseño de su oficina a la hora de quedarse en esa empresa o de irse, revela un estudio de Sapio Research tras encuestar a 1.000 oficinistas y 50 gestores de instalaciones.

Todos comprenderemos que, según otro estudio , el 78% de los empleados cita como la prioridad más importante en el trabajo la promoción del bienestar y la salud mental, por delante de la sostenibilidad o de la igualdad.

Como no siempre será posible para la empresa meterse en obras para mejorar las características, el mercado ofrece opciones más sencillas.

La primera es revisar las condiciones acústicas del espacio abierto. El uso de materiales que absorben el sonido en vez de reflejarlo es el primer paso: los paneles acústicos en techos y paredes suponen una rápida mejora.

La segunda medida viene de la mano de la puesta a disposición de quienes trabajan en ese espacio compartido de un mobiliario expresamente pensado para las oficinas abiertas. Por ejemplo:

Con más o menos medidas, y a la luz de los últimos estudios sobre los muchos inconvenientes de las oficinas abiertas, entendemos que el criterio a seguir no es solamente el del abaratamiento de costes sino otro no menos importante: el del bienestar de las personas, que influye directamente en la calidad y cantidad de su trabajo. Por no hablar de su significativo peso en la retención del talento.

 

LA OFICINA MÁS HUMANA… Y RENTABLE

Será la que sepa combinar el aprovechamiento de sus metros cuadrados -una parte muy importante de su coste- con la creación de un ambiente que favorezca realmente el espíritu de equipo, la concentración y la percepción de que cada individuo tiene un sitio físico y emocional en la organización.

Habrá 3 tipos de espacio:

  • el dedicado a los “puestos” de trabajo más o menos fijos y que guardan la privacidad y la concentración de su usuario. Pensemos en los cubículos de última generación, o hileras de mesas en las que los trabajadores están a una razonable distancia unos de otros, o islas-mesa con 3-4 personas de un mismo departamento, separados por paneles que delimiten física y emocionalmente su territorio.
  • el dedicado a módulos acústicamente aislados para actividades concretas, como cabinas telefónicas y mini salas de reunión
  • el dedicado a actividades esporádicas como formación, reuniones de más de 6 personas, tormentas de ideas y presentaciones de todo tipo.

Además habrá, como hay hoy, zonas de desconexión para tomarse un café o aperitivo y charlar con los compañeros.

Resulta interesante una de las conclusiones de un estudio  sobre la percepción de control que tienen las personas respecto de su ambiente de trabajo. Afirma que la capacidad de poder elegir el sitio físico de trabajo en función del tipo de actividad (reunión, videoconferencia o trabajo personal que requiere toda la concentración, por ejemplo) tiene una significativa influencia positiva tanto en la satisfacción con el trabajo como en la cohesión con los demás colegas.

¿A qué tipo de diseño de oficina nos lleva todo esto? Claramente a ese espacio híbrido pensado para acoger distintos tipos de actividades antes que a diferentes personas en concreto. Con puestos “fijos” en el espacio compartido y con espacios que dan esa privacidad tan necesaria: cabinas telefónicas insonorizadas, mini-salas de reunión también insonorizadas, módulos semiabiertos para reuniones, … Sin olvidar un excelente tratamiento acústico, una inteligente disposición del mobiliario para compartimentar visualmente el espacio, y la existencia de plantas naturales para limpiar el aire y alegrar la vista.

Todo esto se refiere al espacio físico. Hay otras medidas también muy importantes relacionadas con el equilibrio entre la vida personal y la laboral, con la felicidad del individuo, o con su percepción de ser útil y de estar haciendo algo que va más allá de su puesto de trabajo.

 

CONCLUSIÓN

Al final, la pregunta que se debe hacer quien tenga la responsabilidad de diseñar inteligentemente un espacio compartido de trabajo es:

¿en qué medida contribuye al bienestar de las personas?

 

AUTOR

Alberto Losada Gamst. Creo que siempre hay que plantearse la posibilidad de hacer las cosas de otra forma, y que si lo hacemos entre varios el resultado será mejor. Y si además sabemos comunicarnos de verdad, conectando emociones y alineando ilusiones, la imaginación será el único límite para nuestros proyectos. Puedes ver mi perfil en Linkedin.

IMAGEN: Alex Kotliarskyi y Martela

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