Últimamente he estado explorando ideas sobre cómo simplificar la forma en que actúo, abordo las tareas y hago todo lo que tengo que hacer en un día.
Puede resultar tan abrumador que procrastinamos y lo complicamos demasiado.
¿Y si pudiera ser sencillo?
En este artículo, compartiré algunas ideas que he estado explorando para simplificar mi día a día. Puede que no sean útiles para todos, pero espero que les resulten valiosas.
Traducido y adaptado del original "Simplicity in Doing: 6 Key Ideas", por Leo Babauta en el blog Zen Habits
1. Completando el momento
Una cosa que he notado es la frecuencia con la que paso de una cosa a otra a toda prisa, dejando un poco de desorden o algo sin terminar, en mi afán por empezar con la siguiente.
Una frase que me ha resonado últimamente es "aprovecha el momento al máximo".
Eso significa no apresurarme a pasar a la siguiente tarea antes de haber terminado lo que estoy haciendo. Por ejemplo:
- Cuando termine de comer, lavaré los platos y limpiaré cualquier otro desorden. Guardaré la comida. Limpiaré la encimera.
- Cuando me estoy preparando, me aseguro de colgar la toalla, poner la ropa sucia en el cesto y doblar o colgar la ropa que aún no esté sucia.
- Cuando termino una reunión, anoto cualquier nota o tarea pendiente para no olvidarla.
- Si vas a lavar la ropa, no te limites a lavarla y secarla; dóblala, cuélgala y guárdala.
Si reduzco el ritmo y me permito completar lo que se requiere en el momento, entonces puedo pasar a lo siguiente con una sensación de satisfacción y paz.
¡Además, es mucho más bonito!
2. Solo esta tarea
Si revisas tu lista de tareas o tu bandeja de entrada, probablemente sea demasiado larga para terminarla esta semana, y mucho menos hoy. Es abrumador, y si intentamos abarcarlo todo, seguramente estaremos saltando de una cosa a otra frenéticamente.
Lo que me ha estado impactando es la frase: "Solo esto".
Eso significa que elijo una cosa en la que concentrarme y me olvido de todo lo demás. ¡Es más fácil decirlo que hacerlo, lo sé! Pero es una práctica.
Así que aparto todo y me concentro en una sola cosa. Le presto toda mi atención, como si mereciera toda mi atención. Respiro y me entrego por completo.
Es muy sencillo y muy meditativo. No se trata de forzar nada, sino de una sencillez refrescante y tranquilizadora.
3. No hay necesidad de darse prisa
A lo largo del día, me gusta recordarme a mí mismo: "No hay necesidad de apresurarse".
Como practicante de Zen, podrías pensar que siempre estoy tranquila y me muevo despacio. ¡Para nada! Me gusta moverme rápido: si estoy cocinando o limpiando la cocina, oirás cómo se cierran los armarios y me muevo como un torbellino. ¡Es divertido!
Así que tengo que bajar el ritmo a propósito. Me resulta un reto, pero es muy agradable. No hay prisa. ¿Para qué tengo tanta prisa?
4. No hay necesidad de correr
Siempre hay un puñado (o más) de tareas difíciles en nuestras listas que nos gusta postergar. Se van posponiendo y se acumulan.
Me gusta recordarme a mí mismo: "No hay necesidad de huir de esto".
Esto significa que no es tan difícil ni aterrador como creo. Siento la necesidad de huir porque tengo miedo o me siento abrumada. Pero cuando me doy cuenta de que estoy a punto de huir, simplemente me recuerdo a mí misma que no es necesario.
Entonces me concentro en la tarea, respiro y doy el primer paso con la mayor sencillez posible. Esto también es un acto meditativo.
5. Despeja el espacio
¿Cuántos de nosotros tenemos un navegador con diez mil pestañas abiertas? ¿Y qué me dicen de una bandeja de entrada de correo electrónico desbordada y abrumadora?
Me gusta recordarme a mí misma, cuando tengo muchas cosas abiertas o acumuladas, que debo ordenar. Ayuda a mantener las cosas sencillas.
Algunos ejemplos:
- Cada uno o dos días, guardo y cierro las pestañas del navegador: las añado a marcadores para consultarlas más tarde, las incluyo en una tarea, las guardo en mi servicio de lectura posterior o simplemente actúo sobre ellas. Lo ideal es cerrarlas todas para poder concentrarme en lo siguiente.
- Cada uno o dos días, limpio mi bandeja de entrada. Claro que no siempre lo consigo; a veces se acumulan muchos correos. Pero me gusta tenerla despejada, así que dedico un tiempo a revisarla. Si se acumulan, ¡puede que necesite entre 5 y 10 sesiones! Lo ideal es dedicarle un par de sesiones al día.
- Mi servicio de lectura programada (actualmente Instapaper) se llena de artículos, así que lo ideal es que lo revise cada semana. Esto significa dedicar un poco de tiempo a leer artículos y archivarlos, o simplemente borrarlos si no me apetece leer algo. Así evito sentirme culpable por lo que no leo.
- Hago lo mismo con los objetos físicos: si tengo cosas en la encimera de la cocina, en mi escritorio, en mi mesita de noche, etc., dedico un rato a cada objeto y los retiro. A veces no tengo tiempo para hacerlo todo de una vez, así que vuelvo a la pila hasta que la haya vaciado por completo.
No se trata de ser perfecto ni de estresarse si hay un montón de cosas. Pero si dedico un poco de tiempo a ordenar, mi vida se siente mucho más sencilla.
6. Momentos para planificar y reflexionar
Me parece importante dedicar un poco de tiempo al principio de cada semana y de cada día a planificar.
Nada complicado: ¿qué quiero hacer esta semana? ¿Qué quiero hacer hoy?
Hago lo mismo cada mes y cada año. Me ayuda a saber hacia dónde voy y en qué debo concentrarme. Me gusta que sea sencillo y solo le dedico unos minutos al día y los domingos (o lunes).
Creo que también es importante dedicar un poco de tiempo a la reflexión. ¿Qué he estado haciendo? ¿Qué merece ser celebrado? ¿Qué estoy posponiendo? ¿Qué me está bloqueando? ¿Qué estoy aprendiendo? No tengo que reflexionar sobre esto todos los días, pero si dedico tan solo un par de minutos diarios a la reflexión, mi vida se vuelve mucho más tranquila y sencilla.



