El pensamiento grupal: cómo reconocerlo y evitar sus consecuencias

La primera vez que me encontré con el concepto de Pensamiento Grupal fue a propósito de unas lecturas sobre comunicación en las distintas culturas. Concretamente se hablaba de la medida en la que el individualismo se premia o se desincentiva, y se refería a Japón.

Ponía como ejemplo una situación en la que se preguntaba a japoneses por su opinión sobre un tema general: su respuesta solía ser algo así como “nosotros los japoneses creemos que…” Y cuando el entrevistador insistía en conocer la opinión personal e individual del sujeto preguntado, se solía saltar lo de “nosotros los japoneses…” para a continuación dar como propia la opinión general “japonesa”.

 

No hace falta hacer estudios técnicos: todos conocemos a personas que se mueven más según su entorno que en función de sus creencias personales reales. Desde el que dice que es seguidor de un equipo de fútbol porque la mayor parte de su círculo lo es, o la selección del tipo de ropa, la forma de hablar, de vestir, fumar o no fumar, …

 

Esto nos lleva a otra situación: la necesidad humana de sentirse como parte de un algo más amplio. De un grupo, organización, empresa, club o lo que fuere. Como pocas comunidades llevan bien la existencia de voces disidentes o simplemente distintas a la general, pues implícitamente se invita a callar para poder quedarse o a irse si el individuo insiste demasiado en sus opiniones alternativas. La opinión de cada individuo, sobre todo en presencia de otros miembros del grupo, coincide con la de los demás.

 

LA IDEA DEL PENSAMIENTO DE GRUPO

Hemos llegado al concepto de Pensamiento Grupal. Acuñado en 1972 por el psicólogo social Irving Lester Janis, se refiere al fenómeno por el que los integrantes de un grupo tienden naturalmente a buscar el consenso, aunque existan datos que aconsejen otras decisiones.

Ello implica que :

1) los individuos con más personalidad -o menos escrúpulos- imponen su opinión y

2) los más débiles -o cobardes- callan sus convicciones para evitar tensiones en el grupo -o represalias por disentir.

Según Janis, el Pensamiento Grupal ocurre cuando hay un líder de grupo fuerte y persuasivo, un alto nivel de cohesión de grupo y una intensa presión externa para tomar una buena decisión.

Pensemos en una reunión de trabajo en la que uno de los participantes hace una propuesta que te parece floja, improvisada o mediocre. Al terminar su exposición ves con sorpresa que la mayor parte del resto de los participantes muestra su acuerdo, con más o menos entusiasmo. ¿Qué harías? ¿Decir lo que realmente piensas, lo que puede suponer dejar no muy bien a los demás y erigirte como el discrepante, o mejor te callas y das tu asentimiento con el grupo?

 

Una serie de experimentos realizados por un equipo dirigido por Youjung Jun de la Universidad de Columbia, en Nueva York, ha descubierto que es menos probable que la gente compruebe los hechos o busque una verificación independiente de las noticias cuando se encuentran en un contexto de grupo, en lugar de cuando se leen de forma aislada. En su informe, publicado en la Revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) , sugiere que el hecho de sentirse acompañado u observado disminuye la voluntad de verificar los datos.

 

CÓMO RECONOCER EL PENSAMIENTO GRUPAL: LOS SÍNTOMAS

En su estudio, Irving Janis cita 8 síntomas claros que revelan la existencia de pensamiento grupal. Son:

  • Una ilusión de invulnerabilidad, que lleva a los miembros del grupo a ser demasiado optimistas y a asumir riesgos que en otras circunstancias no asumirían.
  • Racionalización colectiva: Aquí los miembros del grupo racionalizan los pensamientos o sugerencias que desafían lo que la mayoría está pensando. Tratan de dar razones de por qué los demás no están de acuerdo y luego siguen adelante con sus decisiones originales.
  • Las creencias incuestionables llevan a los miembros a ignorar posibles problemas morales e ignorar las consecuencias de las acciones individuales y grupales.
  • La construcción de un estereotipo respecto de lo que el grupo y sus integrantes “son” llevan a los miembros del grupo a ignorar o incluso demonizar a los miembros del grupo que se oponen o desafían las ideas del grupo.
  • La autocensura hace que las personas que tienen dudas sobre la bondad del acuerdo que se está alcanzando oculten sus temores o dudas.
  • Hay Censores que deciden qué información llega a quién, y evitan que los miembros menos dóciles accedan a la más delicada o discutible.
  • La ilusión de Unanimidad hace que se tome el silencio de quienes no apoyan expresamente la idea como su aprobación. “Quien calla, otorga” es su máxima.
  • Presión directa sobre los disidentes: la mayoría amenaza directamente a la persona que cuestiona las decisiones diciéndole que siempre puede abandonar el grupo si no quiere estar de acuerdo con la mayoría. Se presiona para que se pongan de acuerdo.

 

CÓMO REDUCIR LOS EFECTOS DEL PENSAMIENTO GRUPAL

La primera de las acciones es tener presente que existe. Al igual que ocurre con los sesgos cognitivos, es difícil librarse totalmente de su influencia pero podemos reducirla mucho.

En mundo profesional, es necesario instalar procedimientos que exijan una comprobación rutinaria de las informaciones en las que se basan las decisiones. De la misma forma que suele ser una práctica el pedir varios presupuestos antes de hacer una compra.

Tener asignado a uno de los participantes en el grupo el rol de Abogado del Diablo es otra medida sencilla. Idealmente, este papel rota entre los participantes habituales para así tener todos la posibilidad de practicar intensamente el pensamiento crítico.

Quien tenga el papel de líder del grupo debería abstenerse de dar su opinión al comienzo de la reunión. Así no contamina la de los demás ni marca una tendencia de pensamiento. Que se espera al final.

Cuando sea posible, el pedir una opinión a alguien externo al grupo puede añadir una capa extra de protección.

La existencia de la diversidad cultural, social, de formación, experiencia y personalidad es otro importante factor que atenúa considerablemente los efectos del pensamiento de grupo. Otra posibilidad es que haya participantes ocasionales que se sientan libres de opinar cuando no estén de acuerdo.

 

UNA PERSONA, UN VOTO

En tiempos de mucha presencia de los eventos de la política como estos que nos están tocando de intensas y largas campañas electorales, es cuando hay que tirar de pensamiento crítico porque es cuando más se nos presiona para que, como individuos, sigamos la corriente que sigue el grupo al que supuesta o realmente pertenecemos. Ahora es cuando nos llegan los mensajes tergiversados, las afirmaciones manipuladoras o las medias verdades. La frase “eres más tonto que un obrero de derechas” es un ejemplo clásico de esto.

Volviendo al estudio de Youjung Jun, en él se lee lo siguiente:

«Continuar diseñando intervenciones que fomenten un mayor escrutinio informativo plantea un reto importante para los responsables de la formulación de políticas que deseen inspirar a una población bien informada«. Y llega a la conclusión de que «aunque no podamos ejercer vigilancia constante, haríamos bien en cuestionar nuestra sabiduría cuando estamos integrados en una multitud.»

 

AUTOR
Alberto Losada Gamst. Creo que siempre hay que plantearse la posibilidad de hacer las cosas de otra forma, y que si lo hacemos entre varios el resultado será mejor. Y si además sabemos comunicarnos de verdad, conectando emociones y alineando ilusiones, la imaginación será el único límite para nuestros proyectos. Puedes ver mi perfil en Linkedin.

 

IMAGEN: foto de Mayur Joshi on Unsplash

 

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