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Cómo influir en los resultados de tu suerte

 

La suerte no es suerte, ni estamos simplemente a merced del universo.

 

Traducido y adaptado del original «How You Can Influence Your Return On Luck«, por Roshan Thiran en el blog de Leaderonomics. Leaderonomics es una empresa social malaya dedicada a transformar las naciones en desarrollo a través del desarrollo del liderazgo.

 

 

UN PAQUETE ROJO LLENO DE BUENA SUERTE

Estas últimas semanas, con las celebraciones del Año Nuevo Chino en pleno apogeo, muchos amigos me desearon «suerte» muchas veces. Después de los numerosos desafíos del año pasado, todos esperaban un gran año con mucha «suerte». La mayoría de nosotros cree que la suerte se produce por casualidad. Creemos que la suerte es algo que no se puede planificar ni obtener por diseño. La suerte está predestinada, o escrita en las estrellas.

¿O no es así?

Recuerdo una conversación que mantuve con Dato Seri Idris Jala, antiguo director general de Malaysia Airlines, hace muchos años, cuando me explicó el secreto de su éxito como líder. Tenía seis puntos clave para el éxito del liderazgo y su último punto era tener buena suerte. No lo llamó «suerte», sino «intervención divina».

Creía que se podía controlar alrededor del 40% de las cosas en las que se trabajaba. El 60% restante eran cosas que escapaban a tu control y en las que tenías poca influencia. Sin embargo, Idris creía que si uno era un buen ser humano, que actuaba con ética y pasaba tiempo en soledad y reflexión, podía «influir» en lo divino para que estuviera de su lado y le diera «buena suerte».

Mientras reflexionaba sobre la conversación con Idris, empezaron a surgir una serie de preguntas. Entre ellas: ¿por qué algunas personas tienen siempre toda la suerte mientras que otras están plagadas de mala fortuna?

Puedes ver el vídeo de mi conversación completa con Idris (en inglés):

Si la suerte fuera un hecho totalmente aleatorio, seguramente se igualaría y en algún momento la suerte se acabaría para alguien. Pero no es así. ¿Podría ser la suerte algo más que un suceso aleatorio, algo en lo que se puede influir?

 

¿TUVE SUERTE?

Siempre he pensado que tuve mucha suerte al conseguir un trabajo en General Electric (GE). Mis prácticas en la empresa fueron un golpe de suerte, ya que mi currículum estaba en la mesa del jefe de contratación recién contratado en su primer día de trabajo y necesitaba cubrir una plaza de becario. Pero me sentí aún más afortunado al ser seleccionado para una entrevista al final de mis prácticas para el programa de entrada más prestigioso de GE.

Sólo un puñado de los 45 becarios entrevistados serían elegidos y los entrevistadores eran extremadamente duros. Me di cuenta de que muchos candidatos salían de estas salas de entrevistas entre lágrimas y algunos lloraban abiertamente, especialmente los que salían de la sala del entrevistador jefe. Entré en su sala esperando lo peor.

Para mi sorpresa, la primera pregunta que me hizo fue «entonces, ¿juegas al fútbol en tu universidad?» con una sonrisa en la cara.

Asentí con la cabeza y rápidamente continué la conversación sobre fútbol. Entonces le conté cómo había pasado parte del verano yendo a ver el Mundial en directo (era 1994 y el Mundial era en Estados Unidos ese año)  y él también compartió sus experiencias. La hora pasó muy rápido y salí sonriendo después de una agradable conversación sobre la situación del fútbol en Estados Unidos.

Fui uno de los tres únicos becarios que recibieron la oferta. Estaba en el programa más prestigioso de GE.

Siempre he pensado que tuve mucha suerte al captar la emoción de mi entrevistador por su nueva pasión (por cierto, él no era aficionado al fútbol, pero estaba cautivado por la Copa del Mundo y el revuelo que creó en Estados Unidos). Pero en conversaciones recientes con varios expertos en «suerte», afirmaron que quizá no sólo tuve suerte. Casi seguro que no era sólo suerte a secas.

 

TIPOS DE SUERTE

De pequeño, leía con frecuencia biografías de personajes famosos. Me convertí en un gran admirador de Benjamín Franklin y del presidente estadounidense Thomas Jefferson. Jefferson declaró: «Soy un gran creyente en la suerte, y veo que cuanto más trabajo, más tengo de ella«. Franklin también compartía la creencia de Jefferson en la suerte, que tenía que ver con el esfuerzo.

Sin embargo, mucha gente trabaja duro y sigue sin tener suerte toda su vida. Sin duda, tiene que haber algo más que el mero esfuerzo que determina la suerte.

Los investigadores Tjan, Harrington y Hsieh postulan que hay dos tipos de suerte: la que no se puede influir (como quiénes fueron tus padres y tu tipo de sangre, etc.) y la que sí se puede influir (como el éxito en los negocios o el progreso de tu carrera). De hecho, creen que se puede influir en la mayor parte de la «suerte en los negocios» y que en realidad se trata de entender cómo. Su conclusión: la suerte tiene que ver tanto con la actitud como con la probabilidad.

Nuestra respuesta a un suceso desastroso es a menudo más importante que el incidente en sí mismo.

Descubrieron que las personas que se autocalifican como afortunadas tienden a serlo por su actitud correcta. Llegaron a la conclusión de que la actitud correcta comprendía tres rasgos: humildad, curiosidad intelectual y optimismo.

Dale Carnegie dijo: «La felicidad no depende de ninguna condición externa: se rige por tu actitud mental«. Dale tiene razón. Como señaló con precisión Idris Jala, si aprendemos a controlar las cosas que podemos, incluida nuestra reacción al mundo que nos rodea, podemos hacer oscilar el péndulo de la suerte. Nuestra respuesta a un suceso desastroso suele ser más importante que el incidente en sí mismo.

Los autores Krumboltz y Levin afirman que la suerte no existe. Describen la suerte como una «casualidad planificada«. Creen que la casualidad planificada no es algo que nos afecte al azar, sino algo que creamos a partir de las circunstancias y encuentros fortuitos que se producen en nuestras vidas.

Una ocurrencia fortuita, un encuentro imprevisto o una cita perdida pueden llevar nuestra vida a direcciones inesperadas y alterar nuestra carrera y nuestra vida. Estas «casualidades» pueden ocurrirle a todo el mundo con frecuencia. La diferencia clave entre los afortunados y los «desafortunados» es la capacidad de reconocer estas oportunidades y aprovecharlas.

(IMAGEN PUZZLE)

Bette Nesmith Graham era una mujer pobre de Dallas que mantenía a su hijo pequeño como madre soltera. Consiguió un trabajo como secretaria y aprendió taquigrafía y mecanografía para asegurarse de mantener su empleo. Sin embargo, cometía constantemente errores de mecanografía. Como era artista, recordaba cómo se pintarían sus errores en un lienzo. Decidió poner un poco de pintura al agua tipo témpera en un frasco y se llevó el pincel de acuarela a la oficina para corregir sus errores de mecanografía. En poco tiempo, su invento, al que llamó «papel líquido», se convirtió en un éxito mundial y lo convirtió en una empresa multimillonaria. ¿Tuvo suerte? ¿O se trataba de la capacidad de reconocer oportunidades incluso en los errores?

Hubo miles de secretarias que probablemente pasaron por la angustia de los errores de mecanografía como lo hizo Bette, pero nadie lo vio como una oportunidad para crear una solución a su pesadilla de mecanografía. Nadie puede controlar todos los resultados, pero al igual que Bette, si aprovechamos nuestros golpes de suerte y actuamos podemos aumentar la probabilidad de nuestro éxito.

 

EL RETORNO DE LA SUERTE (RDS)

Jim Collins y Morten Hansen realizaron un estudio de nueve años de duración sobre algunos de los éxitos empresariales más extremos de los tiempos modernos en el que investigaron el papel de la «suerte» en estas historias de éxito. Su conclusión: descubrieron que tanto las empresas exitosas como las ineficaces tenían suerte, tanto buena como mala, en cantidades comparables. En resumen, que la suerte no es la causa del éxito extremo.

Tanto las empresas exitosas como las ineficaces tuvieron suerte, tanto buena como mala, en cantidades comparables.

En su estudio encontraron algo aún más interesante. Las empresas que tuvieron éxito no tuvieron suerte. Más bien, tenían un alto rendimiento de la suerte (RDS). La clave está en lo que hicieron las personas de éxito cuando les tocó una circunstancia o situación afortunada. Tomaron esa suerte y crearon un enorme retorno sobre su suerte inicial. Esa era la diferencia clave.

La buena y la mala suerte le ocurren a todo el mundo. Las personas constantemente «afortunadas» reconocen esa suerte, la aprovechan y le sacan el máximo partido. ¿Cuál es tu RDS?

 

10 FORMAS DE AUMENTAR TU SUERTE

Así que, ¿cómo convertimos la «mala suerte» en «oportunidad» y cómo reconocemos y aprovechamos la «buena suerte» cuando ocurre? He aquí mis diez mejores maneras de aumentar tu suerte:

  • Sé un creyente (ten fe) – Hay un montón de oportunidades en la vida. Tenemos que ser pensadores de la abundancia que siempre creen que hay oportunidades increíbles que aprovechar. Una persona negativa suele ser un pensador de la escasez, que cree que todas las mejores oportunidades del mundo han sido aprovechadas. La teoría denominada «Efecto Pigmalión» afirma que se obtiene lo que se espera. La mayoría de las personas «afortunadas» esperan lo mejor, confiando en que su futuro va a ser estupendo. De alguna manera, estas expectativas se convierten en profecías autocumplidas. Pregunta a tu alrededor y descubrirás que las personas «afortunadas» y «desafortunadas» tienen expectativas asombrosamente diferentes.
  • Oriéntate a la acción – La inacción es el camino más seguro hacia el fracaso. Si sigues intentándolo, al final lo conseguirás y la suerte estará de tu lado. No procrastines. No tengas miedo a fracasar.
  • Aprovecha los imprevistos – Lo inesperado nos bombardea constantemente. Aprende a amar la espontaneidad y a disfrutarla. Pueden surgir nuevas oportunidades cuando menos lo esperamos.
  • Sé consciente – Haz siempre preguntas y explora tu entorno. Las personas afortunadas son conscientes de lo que ocurre a su alrededor y están continuamente buscando oportunidades.
  • No tengas miedo de decir «sí» – En la película «Yes Man», Jim Carrey estaba obligado a decir «sí» a todo. Acabó teniendo «suerte» al descubrir nuevas oportunidades e incluso conoció a la mujer de sus sueños. Por tanto, di «sí» más veces que «no».
  • Nunca comas solo – Construir y mantener una sólida red social, que incluya buenas relaciones con otras personas, es fundamental para el éxito. Si te gusta la gente y te gusta estar con ella, siempre aparecerán nuevas oportunidades. Las personas te proporcionan apoyo en momentos de dificultad, actúan como recursos cuando necesitas información y, lo que es más importante, pueden darte «suerte» por sus valiosas conexiones con las redes sociales. Por eso, asegúrate de limitar tus comidas en solitario a una al día. Al fin y al cabo, en Asia, los lugares de comida son donde se establecen la mayoría de las relaciones.
  • Supera el autosabotaje – Nuestro mayor enemigo somos nosotros mismos. No te machaques con la negatividad y la autoconversión destructiva. Deja de usar palabras como «no puedo» antes de intentarlo.
  • Sé curioso y no tengas miedo de preguntar – Arriesga y pregunta. La curiosidad no mata al gato. Abre nuevas oportunidades. Viaja, prueba cosas nuevas y no te quedes en tu zona de confort. Tu RDS se amplía cuando identificas estos golpes de suerte y los aprovechas.
  • Ayuda a los demás y pide ayuda – He aprendido que cuanto más me doy a los demás, más suerte tengo. Cuanto más doy, más bendiciones recibo. Pero no tengas miedo de pedir ayuda también. La gente afortunada pide ayuda y corresponde cuando otros necesitan ayuda.
  • Reza a menudo y haz el bien siempre – Muchas personas recurren a un poder mayor para que les ayude a aumentar su suerte. Algunos rezan una oración antes de empezar el día para obtener la fuerza y la actitud positiva que necesitan para no rendirse. Y hacer el bien siempre. Como me repitió Idris Jala, cuando haces el bien a menudo, el bien te llegará. El karma tiene una forma de recompensar a los que hacen el bien.

 

PENSAMIENTOS FINALES

Hay un dicho popular que dice: «La suerte la creas tú«. Cuando vemos la suerte como algo que está fuera de nuestro alcance o algo que no podemos crear, nos convertimos en víctimas y nos quejamos de los demás y del mundo. Reencuadrar la suerte como algo en lo que podemos influir (independientemente de lo limitada que sea nuestra influencia) es una forma poderosa de pasar de ser un rehén a ser un líder. Kyle Chandler concluye que «la oportunidad no llama a la puerta, sino que se presenta cuando la derribas«.

El diccionario Webster define la suerte como «una fuerza que trae buena fortuna o adversidad; una fuerza (o Chi, como dicen los chinos) que opera a favor o en contra de un individuo». Así que, si la suerte es una fuerza, deberías poder aprovecharla… ¡en cualquier momento!

¡Que la Fuerza te acompañe! ¡Feliz Año Nuevo «Chi»-no!

 

Puedes ver este corto vídeo relacionado con el artículo:

 

AUTOR

Roshan Thiran es el fundador y CEO del Grupo Leaderonomics. Cree que todos pueden ser líderes y hacer mella en el universo, a su manera. Conéctate con Roshan en Facebook, LinkedIn o Twitter para obtener más información sobre negocios, desarrollo personal y liderazgo. También puedes enviarle un correo electrónico a roshan.thiran@leaderonomics.com.

 

IMAGEN: Miguel Á. Padriñán en Pexels

 

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¿Tomas buenas decisiones?

 

Cada vez que me invitan a hablar sobre liderazgo, aludo a que el quid del liderazgo es la toma de decisiones. Los mejores líderes siempre toman grandes decisiones.

 

Traducido y adaptado del original «Do you make good decisions?, por Roshan Thiran en el blog de Leaderonomics. Leaderonomics es una empresa social malaya dedicada a transformar las naciones en desarrollo a través del desarrollo del liderazgo.

 

Andrew Groove tomó una decisión muy arriesgada al dejar los chips de memoria y centrar la inteligencia en los microprocesadores. Jack Welch tomó numerosas decisiones audaces, un tanto locas, al principio de su mandato como director general de GE, lo que resultó en su sorprendente historia de crecimiento.

Camina a través de la vida de cualquier gran líder y verás que el resultado de sus decisiones críticas hizo o rompió su organización.

Sin embargo, si estudias a la gente, verás que en la mayoría de los casos, toma decisiones realmente malas. La gente toma malas decisiones sobre las relaciones, el dinero y la salud todo el tiempo.

Lovallo y Sibony encuestaron 2.207 decisiones de negocios diferentes y encontraron que las malas decisiones eran tan frecuentes como las buenas. Todos tomamos malas decisiones de vez en cuando.

 

¿POR QUÉ FRACASAN LOS LÍDERES?

Las malas decisiones son generalmente la razón por la que los líderes fracasan. El liderazgo y la toma de decisiones están entrelazados.

Los líderes llegan a la cima principalmente por su capacidad de tomar buenas decisiones de manera consistente. Y normalmente, su caída en desgracia depende de una mala decisión, que posiblemente se agravó por más decisiones malas tomadas para mitigar esta única decisión mala. Los líderes son tan buenos como su última decisión.

El estudio de Lovallo y Sibony concluyó que las malas decisiones se toman no por falta de análisis (la mayoría de las malas decisiones tenían un buen análisis) sino por un mal proceso de toma de decisiones.

Citaron que «el proceso importaba más que el análisis por un factor de seis». La mayoría de las veces, tenemos una sobrecarga de datos antes de tomar decisiones. Sin embargo, estas decisiones pueden no ser buenas. Déjame empezar con mi razón favorita por la que los líderes toman malas decisiones: ¡las suposiciones!

 

MALAS SUPOSICIONES = MALAS DECISIONES

Hace unos meses, almorzé con Sanjeev Nanavati, CEO de Citibank Malaysia. Sanjeev es un líder fascinante.

Aunque ha trabajado en varios países, incluyendo los Estados Unidos, y tiene mucha experiencia, tiene una curiosidad infantil y la demuestra haciendo preguntas constantemente. Soy igualmente inquisitivo y nuestra discusión del almuerzo comenzó a moverse hacia una discusión de suposiciones.

Sanjeev empezó a contarme la historia de sus dos hijos. (Las grandes habilidades para contar historias son otra parte importante de los grandes líderes – ¡pero eso es para otro artículo!)

Su historia contaba que le hizo a sus dos hijos una simple pregunta de matemáticas. Obtuvo dos respuestas muy diferentes. La pregunta era simplemente esta: Si María hubiera leído 10 libros y Juan cinco, ¿cuántos libros tendría que leer Juan para alcanzar a María? Suena bastante simple. Su hijo mayor respondió rápidamente a cinco libros.

La mayoría de nosotros aplaudiríamos y aplaudiríamos al joven por su destreza matemática. Su hijo menor empezó a pensar y luego miró a su padre y dijo «¡Juan nunca alcanzará a María!»

La mayoría de nosotros en los negocios construimos todo nuestro proceso de toma de decisiones alrededor de suposiciones. En este simple ejemplo matemático, asumimos que María dejará de leer. ¿Pero por qué asumimos eso? Si María lee 10 libros al mes y Juan lee cinco, nunca alcanzará a María. Eso sólo cambiará si Juan empieza a leer 15 libros (asumiendo que María siga con 10 libros al mes).

Esta misma anomalía ocurre en los negocios. Muchos líderes empresariales están buscando ese producto o servicio «mágico» o la reingeniería de procesos que les permita «ponerse al día» con los líderes del sector.

Muchas Juntas despiden a los CEOs con la esperanza de que la persona adecuada les haga descubrir suficientes trucos que les permitan ponerse al día con los campeones del sector. Pero olvidan un elemento importante: presuponen que las empresas que están en primera posición no harán nada. Y normalmente, estas suposiciones nos harán tomar malas decisiones.

De igual manera, si estamos en la cima, hacemos suposiciones pensando que el sector será siempre el mismo y asumimos que los factores de competencia seguirán siendo los mismos.

Pero estas mismas suposiciones destronaron a las aerolíneas cuando Southwest Airlines y más tarde AirAsia cambiaron los principales factores de competencia o cuando Google y más tarde Facebook cambiaron Internet con factores de competencia extremadamente diferentes.

CUESTIÓNALO TODO

Otra razón por la que tomamos malas decisiones es que confiamos en los «expertos». De nuevo, asumimos que el experto lo sabe todo. Incluso los médicos se equivocan sorprendentemente a menudo. En un estudio realizado en los Estados Unidos y Canadá se estimó que 50.000 personas mueren anualmente en los hospitales debido a un diagnóstico erróneo.

Por alguna razón, todos odiamos desafiar a los expertos. Pero según los investigadores de la Universidad de Emory, esto es normal.

En un asombroso experimento realizado en el que se utilizó un escáner de resonancia magnética para medir la actividad cerebral de los participantes mientras tomaban decisiones en la presencia de un experto y sin su presencia, las partes independientes de la toma de decisiones de los cerebros de muchos sujetos se apagaron prácticamente cuando un experto estaba presente.

«Los resultados mostraron que las regiones cerebrales consistentes con la toma de decisiones estaban activas en los participantes cuando tomaban decisiones por su cuenta; sin embargo, se produjo una descarga del proceso de toma de decisiones en presencia del asesoramiento de los expertos«, dice Jan B. Engelmann, el primer autor del estudio.

«Este estudio indica que el cerebro renuncia a la responsabilidad cuando una autoridad de confianza proporciona la experiencia«, afirma Gregory Berns, que dirigió el experimento, añadiendo «el problema con esta tendencia es que puede funcionar en detrimento de una persona si la fuente de confianza resulta ser incompetente o corrupta«.

Y en muchos casos, los expertos pueden estar muy equivocados.

¿Por qué cedemos el control de la toma de decisiones en presencia de «expertos»? Muchas veces con los expertos alrededor, nos volvemos perezosos para seguir haciendo preguntas y sondeando. Hacer preguntas puede convertirse en un asunto muy cansado, especialmente para nuestro cerebro, así que nos cerramos en el cómodo conocimiento de que alguien más está tomando la gran decisión por nosotros.

 

CANSANCIO Y DECISIONES

Las malas decisiones ocurren más a menudo cuando estamos cansados. En un estudio histórico sobre los jueces en 2011 (Danzinger, Levav y Avnaim-Pesso), los investigadores examinaron 1.112 sentencias judiciales en un período de 10 meses.

La mayoría de nosotros asumiría que los jueces estarían influidos por el tipo de delito – asesinato, violación o robo. Lo que los investigadores descubrieron fue que los jueces se vieron afectados por el momento de su juicio.

Al principio del día y después de la pausa del almuerzo (cuando el juez estaba fresco), era probable que el juez diera un fallo favorable el 65% de las veces. Sin embargo, cuando el juez estaba cansado de tomar demasiadas decisiones (al final de la mañana y de la tarde), la probabilidad de que un acusado obtuviera un fallo favorable bajó a cero. Esta tendencia se mantuvo en todos los casos examinados, independientemente del delito. La fatiga de decisión es un enorme monstruo que nos descarrila todo el tiempo (no sólo a los jueces).

Así que si tienes que tomar una gran decisión, tómate un tiempo para desestresarte, relajarte y estar fresco.

Finalmente, otra área que sufro personalmente es el optimismo.

 

SESGO DE OPTIMISMO = MALAS DECISIONES

Soy una persona naturalmente optimista. Según la neurocientífica Tali Sharon, soy extremadamente susceptible de tomar malas decisiones. El optimismo aparentemente perjudica la buena toma de decisiones. De hecho, ella estima que el 80% de la gente es como yo, somos más optimistas que realistas. De media, esperamos que las cosas salgan mejor de lo que terminan siendo.

Según su estudio, la gente subestima enormemente sus posibilidades de ser robada, perder su trabajo o ser diagnosticada con cáncer. Incluso sobrestimamos nuestra probable duración de vida (a veces en 20 años o más).

En los experimentos de Engelmann, los voluntarios recibieron información sobre la probabilidad de que murieran de una enfermedad que era mejor de lo que esperaban o deseaban.

Inmediatamente, ajustaron su sesgo más cerca de los nuevos porcentajes de riesgo presentados. Pero si la información dada era peor de lo que imaginaban, tendían a ignorar esta nueva información. Ella llamó a esto «sesgo de optimismo».

Este «sesgo de optimismo» podría explicar por qué muchos de nosotros tomamos malas decisiones. Subestimamos los presupuestos y terminamos por excederlos. Los fumadores ignorarán tomar una buena decisión para su salud, sin importar cuán abrumadora sea la evidencia. Simplemente citarían la historia de un amigo que fumaba 10 paquetes de cigarrillos al día y vivía hasta los 100. De alguna manera somos inmunes a los problemas.

Este sesgo positivo puede conducir a errores calamitosos – nos hace menos propensos a hacernos chequeos médicos, ahorrar para la jubilación, o hacer cualquier tipo de planificación de contingencia. También somos propensos a hacer inversiones de mala calidad y a tomar decisiones impetuosas para nuestro negocio.

Todos nosotros mostramos prejuicios en cuanto a la información que tomamos. Normalmente nos centramos en cualquier cosa que esté de acuerdo con el resultado que queremos.

Así que la próxima vez que estés a punto de tomar una gran decisión, comprueba si el sesgo de optimismo ha sacado lo mejor de ti. Mejor aún, compruébalo con un amigo o colega. Como el 80% de nosotros estamos atrapados en esta trampa del «sesgo de optimismo» al tomar decisiones, la forma ideal de superarlo es discutir tu decisión con alguien más.

Siempre que hay que tomar una gran decisión, la convierto en un punto para hablar con algunas personas. Si casi todos ellos sienten fuertemente que soy demasiado optimista, vuelvo a revisar mis suposiciones y mi pensamiento. A veces cambio mis decisiones, pero incluso si sigo adelante, suelo cambiar mis planes o estrategia.

PENSAMIENTOS FINALES

Entonces, ¿qué significa todo esto? He mostrado cuatro villanos de la toma de decisiones: malas suposiciones, falta de cuestionamiento (especialmente de los expertos), fatiga a la hora de tomar la decisión y sesgo de optimismo. Posiblemente haya otros factores, pero creo que si podemos centrarnos en permitir que estas áreas de nuestras vidas se aprovechen de manera óptima, podemos ver la calidad de nuestras decisiones elevarse a los cielos.

Uno de los mejores consejos que recibí en cuanto a la toma de decisiones fue planear las decisiones menores tanto como fuera posible. Tomar decisiones nos agota, así que la mejor manera de no agotarse es planear con antelación y decidir rápidamente sobre las decisiones «diarias».

Decisiones como qué ponerse para trabajar, dónde desayunar y otras decisiones «diarias» no deben consumirte ni agotarte. Mejor aún, prueba a subcontratar algunas decisiones. Intento que todos los asuntos triviales sean decididos por otros. Esto me permite concentrarme en las decisiones clave que añadirán valor a mi negocio y me mantendrán fresco cuando necesite tomarlas.

La toma de decisiones es el liderazgo. El gurú de la gestión Peter Drucker dijo una vez que «cuando ves un negocio exitoso, alguien una vez tomó una decisión valiente».

Todos los grandes esfuerzos comenzaron una vez como una sabia decisión. ¿Estás tomando grandes decisiones? Si no, empieza a hacerlo. Tu legado dependerá enormemente de tus decisiones.

 

AUTOR

Roshan Thiran es el fundador y CEO del Grupo Leaderonomics. Cree que todos pueden ser líderes y hacer mella en el universo, a su manera. Conéctate con Roshan en Facebook, LinkedIn o Twitter para obtener más información sobre negocios, desarrollo personal y liderazgo. También puedes enviarle un correo electrónico a roshan.thiran@leaderonomics.com.

 

IMAGEN: Lubo Minar en Unsplash

 

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