El secreto del futuro está escondido en la rutina diaria.M. Murdc

Hay lecciones del pasado en la COVID-19. En la sociedad anterior separábamos la salud humana, la economía y el medio ambiente en cajas ordenadas, cada una de ellas divorciada de la otra con formas separadas de pensar, comunicar y financiar sus soluciones. Pensemos en los numerosos ciclos de enfermedades que arrasaron las capitales europeas en el último milenio.

 

Traducido y adaptado del original "Everything is connected", por Hugh McLeod en el blog de The Future Shapers

 

En la sabiduría que da la retrospectiva, sabemos que las epidemias de cólera estaban en función de la contaminación, de los desechos humanos que corrían por las calles. La Peste Negra se vio favorecida por el desperdicio de alimentos, que atrajo a las alimañas a las ciudades y provocó la rápida propagación de la enfermedad.

Estas plagas no eran sólo un problema de degradación medioambiental, sino también de la realidad económica de la época, que hacía que muchos miembros pobres de la sociedad vivieran en condiciones miserables en las ciudades. La sanidad aún no había evolucionado para darse cuenta de que la prevención formaba parte de su sagrado cometido, y no sólo del tratamiento de las enfermedades, después de que las condiciones ambientales hubieran creado una crisis.

 

CÓMO VIVIMOS, DÓNDE VIVIMOS Y CÓMO NOS GANAMOS LA VIDA

Quién iba a predecir que un reto de salud pública local daría lugar a una pandemia mundial. La COVID-19 ha provocado más de 372 millones de casos y más de 3,7 millones de muertes (a julio de 2021, N. del T.), y se calcula que 2.700 millones de personas -el 80% de la población activa mundial- se han visto afectadas por las medidas de cierre y permanencia en el hogar. Además, reflexiona sobre el impacto de las nuevas políticas y normas restrictivas que rigen el tiempo de ocio y recreo, y los cruces de fronteras marítimas, terrestres y aéreas.

Cada semana asistimos a conversaciones separadas entre sí sobre el cambio climático, la economía y la salud. La costumbre aceptada dicta que hay algo que se llama salud, algo que se llama protección del medio ambiente y otra cosa que se llama economía. COVID-19 me ayudó a ver cómo estaban conectadas, y llegué a la conclusión de que nunca optimizaremos plenamente el progreso en ninguno de estos ámbitos a menos que empecemos a pensar en ellos de forma holística.

Espero que la COVID-19 nos haya recordado a todos que el modo de vida, el lugar donde vivimos y el modo de ganarse la vida están tan estrechamente integrados que es imposible pensar en uno de ellos sin los otros dos. Si seguimos pensando en la asistencia sanitaria de forma aislada, podemos centrarnos fácilmente en curar a las personas de las enfermedades. Sin embargo, una reducción de la mortalidad infantil tiene un valor limitado si significa que más niños sobreviven a la enfermedad para morir de pobreza e inanición. Si seguimos pensando en el medio ambiente de forma aislada, podemos dedicar enormes esfuerzos a preservar los espacios naturales, pero sin prestar atención a la miseria humana que existe justo fuera de los límites de los santuarios de la fauna. Si seguimos pensando en la economía de forma aislada, nos centraremos en el crecimiento como única medida de desarrollo humano, pero ignoraremos sus efectos sobre el agotamiento de los recursos, la contaminación, un estilo de vida excesivamente indulgente e incluso el estrés mental.

 

ECOLOGÍAS, SISTEMAS Y REDES

La ciencia nos ha demostrado una y otra vez que nuestra realidad consiste en ecologías, sistemas y redes, sin embargo, nuestra preferencia por el pensamiento compartimentado persiste en aislar los problemas de maneras que se niegan a ver interrelaciones más amplias. Mirando solo los dominios que hemos organizado cuidadosamente en silos, somos víctimas de la ley de las consecuencias no deseadas.

Tiramos de las palancas económicas y nos sorprenden sus inesperados efectos sobre la salud o el medio ambiente. Tiramos de las palancas de la atención médica y nos sorprende encontrar costes en espiral ascendente que la economía simplemente no puede sostener.
Una vez más, los desafíos globales de la COVID-19 en los que nos encontramos hoy nos han mostrado hasta qué punto vivimos en un mundo global altamente interdependiente donde las fronteras importan menos que la urgencia con la que podemos idear soluciones transnacionales.

 

CÓMO ENMARCAMOS EL DESAFÍO

Nuestra verdadera dificultad radica en cómo enmarcamos el problema y nuestra incapacidad para pensar en desafíos complejos de manera integral. Por ejemplo, piensa en la cantidad de desechos industriales que enviamos a la costa para que estén fuera de la vista y de la mente. Hemos compartimentado nuestro pensamiento sobre la economía para ignorar sus efectos sobre la salud o el medio ambiente.

Hoy, gracias a la COVID-19, la conciencia sobre cómo se conectan varios sistemas y su impacto está creando un nuevo nivel de conversación. Dados estos puntos en común, parece intuitivamente obvio que las lecciones aprendidas en un área pueden informar la comprensión y acelerar el progreso en la otra. Todo esto sugiere que se pueden obtener ganancias sinérgicas al asociar y alinear más estrechamente las disciplinas.

El desafío es cómo beneficiarse de un enfoque de sistemas sin que pierda el impulso. En cierto momento, los problemas pueden parecer demasiado amplios y complejos para resolverlos. Con el cambio climático, la economía y la salud, tenemos personas y políticos que se sienten abrumados por la complejidad y la realidad que afecta a tantas partes diferentes de nuestras vidas. Para muchos, la movilización de apoyo para acciones discretas de solución rápida suele ser más eficaz desde el punto de vista político que los enfoques integrales más amplios. Lamentablemente, somos una sociedad a la que le encantan los enfoques parciales en muchos aspectos.

Al sinergizar todas las disciplinas involucradas, podemos minimizar el efecto paralizante de la pandemia COVID-19 y crear un modelo de sinergia para las generaciones futuras.

 

REFLEXIONES PERSONALES

  • Reflexionando sobre tu aprendizaje personal de COVID-19, ¿cuántos ecosistemas diferentes se interconectan con tu sistema o área de responsabilidad? Cuando hay un problema en tu sistema, ¿por qué podría valer la pena considerar en el contexto del sistema más amplio?
  • ¿Te sientes atrapado por el sistema, inmovilizado por su multiplicidad de tentáculos y trámites burocráticos?
  • ¿Te sientes cómodo difuminando las fronteras, adoptando una visión holística del sistema y adoptando la fluidez por encima de los planes fijos? ¿Cuál de estas descripciones describe tu enfoque del liderazgo? ¿Cómo está configurando tu pensamiento?
  • ¿Ves la oportunidad de coexistir con otros?

AUTOR
Hugh McLeod tuvo el privilegio de experimentar muchos entornos organizativos: servicios de gestión de recursos humanos en los sectores de los seguros, los servicios públicos y la sanidad; negociaciones laborales; gobernanza de consejos de administración y trabajo de asesoramiento; compromiso de los alumnos en varias universidades; administración sanitaria local y provincial; servicio gubernamental; planificación provincial del cambio climático; y mejora de la calidad y la seguridad de la sanidad nacional. Puedes ver su perfil de Linkedin aquí.

IMAGEN: la del artículo original, por John Towner

 

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